Samuel Fisher Lafone Ellison
6 de agosto de 1805 – 30 de abril de 1871
Liverpool – Buenos Aires
Fue un empresario uruguayo de
origen inglés.
Sus padres: Samuel Lafone (1770-1856) y Mary Ellison
(1776-1812). Según parece, fue bautizado el 24 de diciembre de 1833 en St.
Johns Church en Buenos Aires.
Su vida familiar se inició de manera azarosa al contraer
matrimonio con una criolla, María Fligia de Quevedo y Alsina, hija de un
importante comerciante español, de credo católico, pero la pareja se unió
en 1832 en matrimonio dentro de la fe protestante en una ceremonia secreta,
oficiada por un pastor norteamericano. Lafone fue condenado a pagar una multa
de mil pesos y, junto a su hermano, recibieron la orden de salir
de Argentina. En 1833 Lafone, su esposa, su hermano y su cuñado, Juan
Quevedo, se trasladaron a Montevideo.
Entre las muchas obras que este inmigrante inglés dejó en
Montevideo, se halla la iniciativa de fundación en 1842 del pueblo de "La Teja", oficialmente llamado
"Pueblo Victoria" en
homenaje a la Reina Victoria I del Reino Unido, pero popularmente conocido
por el material con que estaban construidos los techos a dos aguas de sus casas
al estilo británico. En las tierras del antiguo pago "Jesús María", entre los arroyos Pantanoso y Miguelete, en
terrenos que primero arrendó en 1833 a la sociedad formada por Francisco
Juanicó y Andrés Cavaillon y luego adquirió en propiedad en
1841, Lafone instaló un establecimiento saladeril modelo.
Para propagar el culto protestante y evitar problemas a las
colectividades que profesaban esa fe, en 1845, en Montevideo, en la zona del
Cubo del Sur, promovió la construcción del Templo Inglés, dedicado a
la Santísima Trinidad, valorado en 50.000 pesos, donde se realizaron los
ritos protestantes.
Los negocios
Los primeros negocios de Lafone en Uruguay se centraron en
sucesivas tratativas con el gobierno para promover el proceso de colonización e
inmigración. La propuesta de Lafone era reunir un número de 1.000 inmigrantes.
El gobierno pagaría 80 patacones por cada inmigrante mayor de catorce años y la
mitad por los menores de esa edad; los niños pequeños y los mayores de 65 años
quedaban excluidos del pago. La propuesta fue aceptada de inmediato. El
gobierno firmó vales a 12, 18 y 24 meses de plazo.
Según el contrato, Lafone podía adquirir tierras de pastoreo,
terrenos en el ejido y en la zona costera; el pago se haría en dinero y con los
documentos de crédito que poseía a su favor del Estado. Estos negocios
interesaron a un grupo de empresarios, entre los que se encontraban Jaime
Estrázulas, Francisco Lecocq, Federico Nin Reyes, Cándido
Juanicó y Atanasio Aguirre, quienes en 1852 organizaron
una Sociedad de Población y Fomento con el fin de promover la
agricultura en los ejidos de los pueblos de Canelones, San José, Colonia, Soriano,
Durazno, Paysandú, Tacuarembó y Cerro Largo.
En Carmelo se estableció una filial denominada Sociedad
Agrícola y Filantrópica con un predio de 500 cuadras, instalando a 30 familias.
El saladero del
Pantanoso
De sus numerosos negocios puso en funcionamiento un saladero
en una superficie de 1.000 cuadras sobre el arroyo Pantanoso, en el paraje
de Rincón del Cerro. El establecimiento se hizo famoso por los métodos
modernos de higiene, de salado y de embalaje.
La instalación del saladero fue la compra realizada por
Lafone de una tercera parte de los terrenos indivisos y de las pertenencias de
una sociedad integrada por Atanasio Aguirre, Juan Miguel Martínez y Federico
Lecocq. Se ubicó lindero al Cerro fuera de la Zanja Reyuna. Fue uno de los
primeros en ubicarse fuera de la zona habitual de saladeros en los Pocitos.
El saladero de Lafone tenía numerosos galpones,
construcciones y viviendas para sus obreros, cuyos techos, imitando las
construcciones de las Islas Británicas, eran a dos aguas y de tejas. El Pueblo
Victoria tenía 122 manzanas delineadas en 1842 por los agrimensores de la
Comisión Topográfica, Gutierrez y Eguía. El varadero de La Teja y los terrenos
que ocupaba el saladero fueron adquiridos en 1914 por el Estado, ya ruinosos.
Allí, y en terrenos ganados al mar por la obra del puerto de Montevideo, se
instalaría la planta de ANCAP.
Los negocios del
mercado
Hacia 1841 Lafone era depositario de cuarenta y siete letras
del gobierno que importaban 40.124 reís. Estas letras serían efectivas con
el remate de las rentas del Mercado. Las inquietudes de pérdida de dinero de
Lafone salieron a la luz cuando organizó con varios comerciantes una sociedad
para construir en Montevideo un mercado. Solicitó y comunicó las gestiones al
gobierno, que una vez finalizada la Guerra Grande, aspiraba a adquirir el
Fuerte de San José, para demolerlo y levantar allí un mercado. La sociedad
alquilaría los lugares de venta, siendo el predio, no la construcción,
propiedad del gobierno, pero esta iniciativa no prosperó.
Lafone prestamista
En el período de la Guerra Grande Lafone fue una
de los más importantes prestamistas y acreedores del Gobierno de la
Defensa y de particulares. Junto a Carlile Smith, en 1840 se declararon
acreedores de la mitad de la Plaza Independencia y de un solar en la
Plaza Constitución que no había recibido, además de rentas de aduana.
También fue un fuerte accionista de la Sociedad Compradora de Rentas de Aduana,
integrante de la Sociedad de Cambios y socio fundador del Banco Comercial.
Las explotaciones
marítimas
La más productiva e importante compra de tierras públicas la
inició en sociedad con su medio hermano Alejandro Ross Lafone, para adquirir la
península de Punta del Este, a pocos kilómetros del pueblo de Maldonado.
En 1843 el almirante George Sartorius fue
comisionado por una empresa naviera inglesa para acondicionar la Isla
Gorriti como lugar de acopio de carbón. Fue su parecer junto con el de
Samuel y Alejandro Lafone, que Maldonado y su bahía poseía óptimas condiciones
de ubicación para un puerto al sur de Santa Catarina.
El marino y los comerciantes consideraron que podía
transformarse en el principal puerto de desembarco de pasajeros y carga del
Atlántico Sur. Su plan consistía en unir la isla Gorriti con tierra firme,
levantando un muelle sobre la Boca Chica. La compañía propuso al gobierno
comprar los derechos sobre la isla por mil quinientos pesos, propuesta que fue
aceptada. La publicación del convenio despertó las críticas de los gobiernos
extranjeros, en especial el argentino, que discrepó con la idea de fortificar
la boca del Río de la Plata, transformando a Maldonado en el control del
comercio regional.
Las expectativas del grupo se concentraban en la explotación
de los lobos y focas e ir hacia el sur a la pesca de la ballena. El gobierno
aceptó con rapidez la propuesta, debido a los apremios económicos que soportaba
a causa de la guerra. La venta se realizó el 27 de setiembre de 1843. Así el
gobierno vendió la península de Punta del Este. Los compradores cedieron al
gobierno 120 manzanas para crear un pueblo. Los hermanos Lafone entregaron para
el pago de los derechos de la caza de los anfibios, y los bonos y papeles que
el propio gobierno les había entregado. La escritura de pesca se extendía hasta
el 4 de diciembre de 1855.
La clave de la adquisición de las tierras se hallaba en el
negocio de la pesca de ballenas, lobos y focas, de las que se extraían aceites,
pieles, huesos y carnes. Esta práctica ya existía desde 1837 en manos
de Francisco Aguilar, quien con su goleta Lobo la usaba para transportar los
productos. Al pasar a la sociedad de Lafone se le concedió el área de matanza
que comprendía las islas de Lobos, Castillos y las costas de Rocha hasta
el límite con el Brasil, por lo que la explotación de Aguilar se unió a la de
Lafone. El negocio era redituable: sólo de la isla de Lobos se extraían 20.000
pieles finas en dos años.
La sociedad de los hermanos Lafone se constituyó el 30 de
marzo de 1843 y se renovó nuevamente el 4 de diciembre de 1855. Como
culminación de toda esta actividad comercial, de una clara visión geopolítica,
fue el reconocimiento en 1844, realizado por los hermanos Lafone de
las Islas Malvinas. El observador enviado por los comerciantes fue
Marcelino Martínez, entregando informes atractivos para colonizar, criar ovinos
y vacunos, así como, para la instalación de un establecimiento en el sur para
la caza y explotación de la ballena.
Alejandro Ross Lafone se trasladó a Londres y suscribió un
convenio con la propia reina Victoria, por el cual su Majestad Británica vendía
la parte de la Isla Malvinas del este y se llamaría Lafonia, el mismo
nombre del vapor que hacía la carrera entre Lafonia y Montevideo, además de
pequeñas islas adyacentes y medio acre de la ciudad capital y 25 acres de la
zona suburbana por 6 años y 6 meses.
Si se observa con cuidado la región oceánica, era de suma
importancia el área de expansión, de control comercial y colonizador llevado a
cabo por la sociedad de los hermanos Lafone. Su visión se centraba en el océano
Atlántico unido al Río de la Plata. Desde la península de Punta del Este se
buscaba conectar puertos oceánicos y fluviales hacia el sur en la línea de las
Islas Malvinas y la comunicación con el Pacífico por el Cabo de Hornos,
comerciando con Valparaíso y hacia el norte con El Callao, Guayaquil hasta Panamá,
impidiendo la competencia del comercio norteamericano desde el puerto
de San Francisco.
A ello se agregó, a partir de 1866, una línea de buques a
vapor que fondeaba en Buenos Aires. La sociedad Falkland Island Company
presidida por Lafone intervino con sus influencias para que la cabecera de sus
actividades comerciales se centrara en la isla Lafonia.
La compra de tierras
Adquirir y controlar territorios fue un objetivo de Lafone.
Las grandes compras se iniciaron cuando el gobierno enajenó a “censo perpetuo” el edificio de la
Bóvedas y Cubo del Norte, el 28 de enero de 1836. José Montero, primer
comprador, cedió su adquisición a Lafone y a Ramón de las Carreras. Allí
se construyeron tres muelles de madera para facilitar el embarque. A sus expensas
se agregó una rampa para facilitar el embarque y desembarque y se abrió una
puerta en sus almacenes del lado del mar.
En 1842 Lafone adquirió por mitades, con un posterior
reconocimiento del gobierno en 1854, el Establecimiento Balneario de Domingo
Gounouilhou. El predio se encontraba entre la calle 25 de Agosto al norte, al
sur la calle Piedras, Patagones al este y la Dársena al oeste. En el contrato
del 10 de octubre de 1842, Lafone se comprometía a construir la prolongación de
la rambla de la Aduana a la altura del Fuerte de San José y, en compensación,
el gobierno le otorgaba un terreno submarino vecino al Fuerte sin determinar la
extensión. Este asunto provocó un pleito entre Gounouilhou y Lafone porque
ambos se creían con derecho al predio.
Siempre acuciado por las deudas y por los enfrentamientos
políticos, el gobierno trataba de engrosar sus arcas con las ventas de tierras
y edificios públicos. De 1836 a 1850 la compra de tierras otorgaría importantes
ventajas a los empresarios nacionales y extranjeros. En ese negocio se interesó
Lafone. Por entonces compró la Barraca del Puerto, que fraccionó en dos partes
y las vendió por separado en 1848. En 1836 el gobierno vendió los terrenos de
la futura Rambla Portuaria, predios que Lafone adquirió, fraccionó y negoció.
Después de la Guerra Grande las compras de tierras fueron
realizadas por Juan Quevedo, su cuñado y Jaime Estrázulas. Juan Quevedo cedió
una parte en 1863 a Lafone y Estrázulas a Quevedo en 1865 por escritura en
Buenos Aires, refrendada el mismo año en Montevideo. Los negocios de tierra
fraccionados en lotes de diferentes extensiones demostraron una visión del
futuro progreso urbano de Montevideo, unido al puerto en la construcción de la
Rambla portuaria, conjuntamente con los muelles, las barracas y los almacenes.
También tenía estancias en las provincias argentinas de
Entre Ríos y Santa Fe en sociedad con su consuegro Thomas Tomkinson.
La explotación de
minas
La provincia de Catamarca en la República
Argentina tenía recursos minerales importantes señalados por mineralogistas y
comentado por muchos viajeros. Las minas que allí tenía Lafone eran
consideradas como las más ricas de cobre, explotadas a su beneficio desde su
casa comercial de Montevideo. Los minerales se fundían en Santa María, a 35
leguas al norte de las minas. Lafone también era propietario de la fundición “Piliciao” instalada en medio de un
bosque al pie de las montañas de Ambato.
Los negocios de Lafone en Catamarca eran supervisados por su
hijo, Samuel A. Lafone Quevedo, nacido en Montevideo, pero educado en
Inglaterra desde su adolescencia. Se había graduado en la Universidad de
Cambridge con honores.
En Uruguay, Lafone también intentó el negocio de la
explotación minera en las minas de Cuñapirú.
Últimos años
En 1858, a consecuencia de la inestabilidad del país, sufrió
un quebranto financiero importante y llamó a acreedores, pagó rigurosamente lo
adeudado con sus intereses. Sin embargo, se rehabilitó, pero ya no como gran
comerciante y financista del gobierno. La Guerra Grande había finalizado, no
tenía buenas relaciones con los hombres de la política y su fortuna había
mermado.
Su vida de trabajo no decayó, continuó con múltiples
acciones comerciales, pero sus bríos de lucha se debilitaron, ocupándose por
momentos de actividades caritativas y filantrópicas. El otrora acaudalado
inglés falleció en Buenos Aires 30 de abril 1871 al asistir a los enfermos de
su colectividad durante la epidemia de fiebre amarilla. Sus restos fueron
traídos a Montevideo.
María de Quevedo y Alsina, esposa de Lafone, fue socia
fundadora en 1843 de la "Sociedad
Filantrópica de Damas Orientales", que presidía la esposa de Fructuoso
Rivera. Tuvieron varios hijos, entre otros el historiador y antropólogo Samuel
Lafone Quevedo, y los empresarios Hope y Guillermo Lafone Quevedo, que
continuaron con los negocios de su padre.
Juan de Quevedo, cuñado de Lafone, fue hacendado, accionista
del Banco Comercial, miembro del directorio de la empresa del gas y abuelo
materno de Luis Alberto de Herrera.
https://es.wikipedia.org/wiki/Samuel_Lafone


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